Redacción
A 39 años de su muerte, Audencio Hernández Santiago fue recordado como lo que fue: un hombre de izquierda, “de verdadera izquierda”, que a los 22 años de edad demostró sus cualidades de líder nato, y luchó por su pueblo, por Tlacolula de Matamoros.
“A Gaudencio lo mató el gobierno, el sistema, y su crimen quedó impune”, refiere su sobrino Sabás Montes Santiago y menciona que Audencio fue fundador de la Organización Democrática Popular de Tlacolula, y alzó su voz de protesta, de demanda. “Fue a los tribunales y logró que por decreto presidencial se estableciera no al pago del Seguro Social para los habitantes de la población que construían sus casas de material”.
Florinda Santiago, en entrevista con Oaxaca es Radio, comenta que su hermano se opuso para que no se pagara el Seguro Social, pues argumentó que Tlacolula no era una zona urbana, porque carecía de muchas cosas, ya que en ese entonces no había drenaje, ni calles pavimentadas y los jóvenes estaban emigrando a Estados Unidos en busca de trabajo.
“Había muchas carencias en el pueblo, por ese motivo Gaudencio hizo reuniones para que se levantara una especie de censo, y los políticos de entonces querían que Tlacolula pagara el Seguro Social, pero mucha gente no lo entendía en aquel entonces que cosa era el Seguro ya que desde el momento en que iniciaban una obra tenían que pagar la arena, la grava”.
“Por ejemplo, la piedra había que pagarla, porque no se podía tirar el material en la calle y entonces había que hacer un pago”.
Tlacolula de Matamoros vivía una etapa donde los priistas controlaban las elecciones, las simulaban para seguir imponiendo cacicazgos políticos, pero no hacían ninguna obra.
“Mi familia le decía a mi hermano que él no estaba construyendo, entonces ¿para qué meterse en esos problemas? Pero él consideraba que la mayoría de los habitantes Tlacolula no estaban en condiciones de hacer esos pagos, y las autoridades tampoco lo entendían, seguramente por el bien de sus bolsas querían que se pagara, y eso le costó la vida”, comenta la señora Florinda.
Añade: “Por eso mi hermano se puso del lado del pueblo y comenzó a meterse a la grilla”. Era el año 1985, y los que entendían comenzaron a apoyarlo, por ejemplo, las hermanas González, indica.
Menciona que Gaudencio fue a la ciudad de México durante varias semanas y logró que no se pagara al Seguro Social. “Trajo el documento donde se les daba la razón a quienes lo estaban apoyando, y luego convocó a una reunión muy grande en la explanada del Palacio Municipal para informar a la gente”.
Señala que, en aquella época, Eloy García Aguilar era un político muy importante, y dijo: “pinche mechudito no te vas a salir con la tuya. Ni sabes qué cosa es el Seguro Social para beneficio del pueblo. Y mi hermano le contestó: sí, beneficio, pero para ustedes”.
Recuerda que por esos días ya se acercaba la Semana Santa, y el Jueves Santo desapareció su hermano varios días. “Cuando habían pasado cuatro días comenzamos a buscarlo todos, y entre ellos estaba su mejor amigo Manuel Zurita -quien también ya falleció-. Hubo personas que dijeron que con este muchacho fue el último con el que lo vieron después haber ido a jugar un partido de babyfut”.
“El tiempo nos ha ido dando la razón, pero hubo personas que dijeron que por revoltoso habían matado a Gaudencio, pero no, no fue por revoltoso, sino porque había algo por lo que luchó”,“Es muy duro perder un familiar en la forma en que a él lo mataron. Lo masacraron, no lo mataron, pues tuvo una muerte muy violenta, pero la ley de allá arriba existe”, añade mientras las lágrimas resbalan por sus mejillas.
Continúa su relato, y dice que desafortunadamente nadie fue procesado tras ese asesinato, por el contrario,” se burlaban de nosotros, y en la entonces Procuraduría de Justicia del Estado sólo nos insultaron, y nos dijeron que fuéramos al Ministerio Público y que no estuviéramos difamando a la autoridad”. “Desgraciadamente la ley para los pobres no existe”, afirma.
¿Sirvió de algo esa lucha?, pregunta el entrevistador.
Y ella responde: “Digo que fue una muerte estéril porque la gente no reconoció por lo que Gaudencio luchó y logró, y él nunca se benefició. Por el contrario, de su tumba nos robaron un busto que había sido colocado”.
Insiste que, para ella, en lo personal fue una muerte estéril, y que en la sepultura de su hermano le rociaron spray a ese busto.
Sabas Montes, a su vez, señala que la fecha del asesinato los conmueve. “Hay mucho de qué hablar sobre el tema, pero se han perdido datos históricos. Lo más lamentable y triste es que quedó impune ese crimen y el pueblo de Tlacolula no sabe realmente porqué sucedieron esas cosas”, indica.
Afirma que hay que recordarle a la gente que gracias a Audencio ya no se pagó el Seguro Social, y que en ese entonces llegaron paquetes de vacas suizas que se las repartieron en el Ayuntamiento, cuando estaban construyendo parte del mercado se robaban los ladrillos, las tejas.
“Gaudencio fue asesinado por el gobierno, por el sistema”, puntualiza.
En la sepultura de Gaudencio se puede leer: “4 de abril de 1985. En la cadena de los caídos tú has sido un eslabón más para orgullo de tu pueblo, para ejemplo de los jóvenes, para esperanza de los viejos y recuerdo de los olvidados, familiares y pueblo en general”.
Fotos e imagen: cortesía.






