TLACOLULA DE MATAMOROS, Oaxaca, 10 de febrero de 2024.-Con gritos de “Chaparro, chaparro, chaparro”, como cariñosamente se le conocía, un enorme número de asistentes despidieron a José Alfredo Jiménez Aquino, mientras familiares, amigos y compañeros, lo “bailaban” al compás del jarabe del Valle y la tradicional -pero a la vez dolorosa- “canastita”, en frente de la entrada principal del panteón municipal, de esta ciudad.
Fallecido el pasado jueves, en un trágico accidente, a José Alfredo le brindaron servicios fúnebres de manera tradicional, como se suele ofrecer a quien no contrajo matrimonio, utilizando algunos elementos de alguien que si se casa ante el altar católico.
Higaditos en el almuerzo y mole en la comida, aunado a los cuetes, música festiva, mezcal y cerveza, no fueron suficientes para paliar el dolor de una partida hiriente, inesperada y cruel, de quien dejó marcada su huella por su sencillez y su don de gente.
Las lagrimas aparecieron con mayor intensidad, pasadas las 14:00 hrs. cuando José Alfredo era llevado a un último recorrido por su hogar, con las notas del Jarabe del Valle; el trayecto al templo para la misa de cuerpo presente, fue bajo un sol intenso, pero eso sí, con música alegre, destacando “el muchacho alegre”.
Haciendo honor a su nombre y primer apellido, quien hoy rendiría honor a la madre tierra, era bohemio, buen tipo, generoso, desparpajado, con la sonrisa fácil y un gusto excesivo por la música, que lo llevó a ser DJ en sus años de migrante en la Unión Americana.
Apasionado de los Pumas de la UNAM y del futbol en general, José Alfredo abrazó el noble oficio de la balconearía, actividad donde lo sorprendió el final de su destino, adelantándose a su madre Juanita, su hermana Reyna, así como a sus queridos hermanos Valentín y Luis, pero con la esperanza de reunirse con su padre Reinaldo Jiménez.
Punto culminante de la despedida, fue la regada de dulces y confeti sobre el albo féretro que contenía los restos de José Alfredo Jiménez Aquino, ante los rostros desencajados de dolor, congoja, desconsuelo, abatimiento y tristeza, que produjo la melancólica “canastita” * en quienes posteriormente acompañaron al “chaparro” a su última morada.
*Canastita: melodía festiva que se suele escuchar al final de las bodas tradicionales y que en sepelios de personas que no se casarón -como en este caso-, se escuchan como una irónica forma de despedir al fallecido.
Fotos: LCC / DUA FM






















